Quizá me retire de todos los lugares
lo suave se volvió dureza encastrada en historia ajena un silencio de lo abstracto dejándome en un hueco de pulsión rechazo y soledad en un cocktail de media tarde
No hay nada que entre en mi boca
La dureza de todo
El hambre de nada
Cerca de fundirme
En la catarata del día como el tren y su hora intensa en qué todos los ojos se traban al infinito con caras de dormidos. Pensando que hay que seguir preso de la maquinaria que nos conduce con hilos de cera.
Se arrastra el lloro en los rincones con cuerpos ajenos que ni me conocen ni les importo.
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