Horas parias
los calzados comienzan a romperse
Nauseabuntes de todos los metros y colores
la calle es la vidriera a la que hay mucha gente no aguanta sostenerle la mirada
Vuelvo a los lugares de la infancia
Confirmaciones de los olores formativos, de los tonos y los condicionamientos que nos arman.
Repito el sonido del futuro en análisis del pasado para volver a la melancolía con un loop distinto.
Desgarro la carne para diseccionarla
La inspeccionó
Aprovecho que la dejamos al aire para manipularla.
Aprendí que
cuando los dolores se encastran se anestesian en un quiebre filamentoso y se acumulan en el iris oscureciendo el brillo.
Quizá me retire de todos los lugares
lo suave se volvió dureza encastrada en historia ajena un silencio de lo abstracto dejándome en un hueco de pulsión rechazo y soledad en un cocktail de media tarde
No hay nada que entre en mi boca
La dureza de todo
El hambre de nada
Cerca de fundirme
En la catarata del día como el tren y su hora intensa en qué todos los ojos se traban al infinito con caras de dormidos. Pensando que hay que seguir preso de la maquinaria que nos conduce con hilos de cera.
Se arrastra el lloro en los rincones con cuerpos ajenos que ni me conocen ni les importo.
. Nuestros diarios, de romances y de la mirada lateral del mundo, me cansaron, aunque lo sigo inscribiendo en la cotidianeidad. Como mujer q...