Registrar los ojos, las manos, las venas sostenidas y esa sangre fría o caliente según la historia condensada en el ejercicio mental de cada noche.
Las marcas de la sequedad a la que nos habituamos, la falta de tiempo y espacio salvó cuando estamos ahí. El giro eterno del palo y el agua me hace pensar en las tertulias y el devenir de las rondas que giran. Puede uno quedarse en la fortaleza de una mano y su mañana, la dimensión de cada dedo, el peso del hueso indica de dónde viene, coincide a veces con la mandíbula. Gestos del centro, del norte y el camuflaje colonizador quedo impactado en un rostro diversificado. Un monstro de mil cabezas y los rulos de las docentes le gritan en la cara a la represión que todo se vuelve criminal y cómplice.
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