Mientras las articulaciones se contraen
esos pañuelos y ese bastón que comienza a
llevarnos cada uno de sus hálitos de vida
sigue pulsando en nuestros cuerpos, implantados por la historia
en el seno de su dolor
la rebeldía
de la transformación.
La fuerza de la memoria se cala entre los cartílagos
el cuerpo testimonial
que se inscribe en cada poema de Gelman
retorciendonos.
Niegan nuestros huesos encontrados por partes
y los sueños desgarrados
que conservan
los cuerpos que aún
nos faltan.
El peso de la confirmación de las repeticiones
violaciones
torturas
que insisten en traer a la actualidad la misma cara
con el aroma al horror
que pincha cada hueso que nos arma.
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