Me quedo pensando lateralmente
la necesidad
el despegue
la ceguera.
Acostumbrada a la frialdad
me volví torpe y dejo rastros nuevamente del desliz
el derrotero de mi dulzura cae al vacío
destilado de dolor y calma
profundidad del pensamiento en posiciones concretas.
Ciclos cavernosos mientras suena vientito de Tucumán
se enredan en esos rulos que les devuelve la fortaleza concreta del desarraigo.
Condiciones imaginarias de una gata vieja.
No entiendo bien, si me acostumbré a esta mirada que nunca se llena de mi imágen.
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